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El Brasil y los vientos del mundo
11/10/2010 - 16h01

Marcelo Rech, de Río de Janeiro

Ex ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, el embajador Luiz Felipe Lampreia ha lanzado el libro “El Brasil y los vientos del mundo”, dónde retrata su experiencia profesional de 40 años en la carrera diplomática y analiza los últimos 50 años de las Relaciones Internacionales, sobre todo de Brasil.

Didácticamente, él apunta los errores y éxitos de la política exterior y defiende una mayor participación de Brasil en las operaciones de mantenimiento de paz y en las negociaciones sobre el cambio climático. Siga:

¿El Brasil y los vientos del mundo?

Brasil se abrió y por lo tanto, los vientos del mundo están llegando mucho más claramente al Brasil, pero es preciso mirar bien que es lo que eso significa. Significa que tenemos hoy una economía mucho más abierta, competitiva, tenemos una mayor presencia de nuestras empresas en el exterior, adoptamos medidas de defensa contra la concurrencia desleal. De modo general, Brasil es más presente en el escenario internacional en la medida que su voz es más fuerte.

¿Eso tiene que ver, por ejemplo, con el cambio climático?

Brasil es uno de los mayores emisores de gas de efecto estufa y por eso, tiene una responsabilidad internacional, además de una responsabilidad moral con sus ciudadanos. Sí Brasil mantiene la posición que tenía anteriormente, de intransigencia en cuanto a la discusión del tema, el país acabaría inevitablemente aislado. La emisión de gases de efecto estufa es algo que perjudica todo el mundo. Y Brasil se dio cuenta de eso y empezó a actuar con mucha más fuerza, tuvo un papel destacado en Copenhague y está cada vez más en la línea de frente en la negociación.

¿Cómo el señor mira la actuación de Brasil en el plan internacional?

Eso es algo que todavía no está claro. En algunos casos, como en el episodio de Irán, Brasil está intentando conducir el juego y fue derrotado por 12 a dos en el Consejo de Seguridad de la ONU. Eso muestra que Brasil, antes de actuar más intensamente, necesita saber dónde su influencia será ejercida. Hay situaciones dónde Brasil no tiene capacidad de influir u actuar.

¿El involucramiento de Brasil en el caso de Irán puso el capital político del país en riesgo?

Eso ha sido parcialmente perdido. Brasil no tiene ninguna justificativa para entrar en este escenario. Irán es un país con el cuál tenemos relaciones débiles, es un país remoto para nosotros, no es un suministrador de petróleo, y es un país que es considerado la mayor amenaza al mundo actualmente. La foto de Lula erguiendo el brazo de Ahmadinejad es un desastre completamente desnecesario.

¿La imagen del presidente Lula legitima un régimen que es acusado de fraudar elecciones y de violar sistemáticamente los derechos humanos?

Imagine usted sí yo aparezco en una foto abrazando al líder del narcotráfico de la Rocinha, por ejemplo. Quienes pierde credibilidad soy yo. Él ya tiene una imagen pésima. Lula no tiene el poder de legitimar al Ahmadinejad. Y el provecho que Irán sacó de esa situación ha durado tan solo dos días. Ellos pretendían usar a Brasil y Turquía para ganar tiempo, no hay duda.

En su libro, usted se pregunta sí todavía habrá tentaciones en Brasil por el desarrollo de armas nucleares. ¿A qué conclusión ha llegado?

No creo que haya esa intención, pero la preocupación existe ya que eso está en la boca del vicepresidente José Alencar, del ministro Samuel Pinheiro Guimarães, que dicen eso con toda claridad. Otros no dicen, pero lo piensan. El ex ministro de Ciencia y Tecnología, Roberto Amaral, defendió que Brasil tuviera la bomba nuclear.

Usted ha ingresado en la carrera diplomática en 1963, pero a los 15 años afirma ya tener certeza que sería diplomático. Han sido 40 años de servicio. ¿En algún momento, tuvo dudas sobre el camino elegido?

Tuvimos algunos momentos como a la época del régimen militar que han sido muy desazonadores. Por la carrera en sí, no. Han sido 40 años bien interesantes, he vivido muchos momentos históricos y he tratado con muchas personas destacadas.

Recién, divulgamos encuesta mostrando que los Estados Unidos pierden cada día más influencia en América del Sur. ¿Brasil está sabiendo aprovechar el momento para fortalecerse como líder regional?

El Brasil se está transformando en un paradigma. Los países latinoamericanos saben de nuestra importancia económica y política y muchos esperan a que Brasil se defina para adoptar una posición. De modo general, está sabiendo aprovecharse del momento. Hay un problema que dice respecto a la convivencia con líderes mesiánicos muy agresivos como Hugo Chávez, por ejemplo. Él no se subordina al liderazgo de Brasil y frecuentemente desafía ese liderazgo. Eso obliga a que Brasil adopte un discurso muchas veces condescendiente u pasivo. Pero, no hay dudas que Brasil es un candidato natural a ocupar más espacio en la región.

Su gestión en Itamaraty es acusada de haber sido subserviente a los Estados Unidos, pero en su libro, usted narra varios episodios los cuales defiende justo lo contrario, una mayor independencia en relación a los norteamericanos.  ¿De donde viene la fama?

Eso es cosa de la propaganda del PT. El PT posee una máquina de propaganda y marketing muy activa y eficaz. Eso acabó siendo comprado, sobre todo por quienes no conocen la realidad de los hechos. Sólo en dos períodos de nuestra historia hemos sido subservientes a los Estados Unidos. Primero, con Lauro Muller, el sucesor del Baron, para quienes Brasil debería marchar con los Estados Unidos siempre (el Barón decía que era preciso marchar con los Estados Unidos siempre que posible). Y, después con Castelo, con el alineamiento de los militares que habían combatido en la Segunda Guerra al lado de los norteamericanos. Fuera eso, nunca hubo alineamiento. Eso es una mentira que ha sido transformada en hecho de tanto haber sido repetida.

En la actual gestión, dicen que Brasil diversificó los mercados y por eso, está menos dependiente de los Estados Unidos. ¿Eso eso es verdad?

Eso también no es verdad. Brasil no ha conquistado nada de relevante en términos comerciales con la India, por ejemplo. Lo que pasó es que en algunos mercados dónde el comercio era inexpresivo, ha crecido 100% saliendo de 1% para 2%. China compra soja y minería de hierro no por una decisión político ideológica, sino por tener necesidad, por ser un mercado consumidor. Ese negocio de Sur-Sur es una especie de truque para el viejo terceromundismo, viejo antiamericanismo, que permean la política externa del gobierno.

¿Brasil hace bien AL priorizar la conquista de una silla permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas?

Como objetivo es claro que es muy importante. Conquistar una silla en el Consejo de Seguridad de la ONU es un triunfo político de gran valor. Mientras tanto, la obsesión de Celso Amorim ya dura 20 años e implica en el gasto del capital diplomático en algo que no será discutido tan temprano. Por otro lado, esfuerzos como hace Brasil en defensa de Irán solo perjudican el proyecto brasileño. En el momento, no hay la menor condición de eso ocurrir. Nosotros tenemos que trabajar por el futuro y posicionarnos en relación al futuro. Es un buen objetivo que no debe de ser perseguido con sufrimiento.

¿Por qué no se discute el coste para un país tener una silla permanente en el Consejo de Seguridad?

No se discute en público por ser una cuestión compleja y difícil. Además, por no ser un tema actual ya que Brasil no está en condiciones de ingresar. Esa silla requiere una discusión amplia sobre la capacidad de participar de un número mayor de operaciones de mantenimiento de paz, de Brasil posicionarse con claridad ante temas que tal vez no interese al país hacerlo, como en el caso de Medio Oriente. No meterse demasiado para no quemarse siempre ha sido una regla tradicional en Itamaraty. Brasil es un país geográficamente periférico. Posiblemente, no interese al Brasil adoptar posturas muy categóricas sobre el Afganistán, por ejemplo.

¿Brasil debería de invertir en acciones que indirectamente contribuyen con el proyecto del Consejo de Seguridad?

Sin dudas. Y esa ha sido nuestra postura. Brasil participó de misiones de paz en Mozambique y Angola en la gestión de Fernando Henrique. Teníamos un batallón en cada país con 1.200 hombres que actuaban a servicio de las Naciones Unidas.

En 1988, usted estuvo en Moscú y ya percibía que habría un colapso de la Unión Soviética. ¿Como los Estados Unidos no previeron eso?

Es algo incomprensible. Y el fenómeno se ha repetido con Iraq luego que todos los servicios de inteligencia decían que había armas de destrucción masiva que hasta los días de hoy no han sido localizadas. A 100 metros del Kremlin las personas caminaban con sus bolsos vacios. Tenían dinero, pero no había que comprar. El gran servicio que hizo Gorbachev fue poner fin al comunismo, por eso es idolatrado en el exterior y odiado en Rusia.

Brasil tuvo un papel destacado en la resolución del conflicto Ecuador – Perú.  ¿Aquello ejemplo puede ser repetido actualmente en la región?

Creo que sí hasta por qué ha sido un proceso clásico de diplomacia. Nosotros conducimos dos países que pasaron 200 años en odio y que llegaron a la paz. Pero, eso no se hace con marketing, se hace con paciencia. Toda hora las cosas parecían colapsar. Diplomacia es eso, no es discurso bonito, sino la construcción de un proceso de entendimiento. Actualmente, no hay resquicio del pasado entre los dos países. Curioso que los dos presidentes que firmaron el acuerdo, Fujimori está preso y Jamil Mauad, en el exilio, prohibido de retornar al Ecuador. En el gobierno Fernando Henrique ha sido nuestra mayor conquista.

El conflicto explota prácticamente con la llegada al poder, en Brasil, del presidente Fernando Henrique Cardoso. ¿No ha sido arriesgado ser protagonista en aquella situación?

Teníamos mucha clareza de los riesgos que implicaba liderar ese movimiento. Estábamos con muy poco tiempo de gobierno y llamamos una reunión para el Río de Janeiro. Sabíamos  que la región necesitaba entendimiento. Esos conflictos son un atraso de vida.

¿Podemos tener problemas, principalmente con aquellos países los cuales tenemos frontera común?

Las fronteras no son fuentes de problemas, al contrario, son fuentes de oportunidades. Hace más de 100 años no tenemos controversias fronterizas. El Baron de Río Branco resolvió todas.

Y el Mercosur, ¿por qué entusiasmo y decepción?

El Mercosur ha sido demasiado ambicioso. Querían hacer aquí en cinco años lo que Europa llevó 50 para hacer. Han sido trazados objetivos completamente irrealistas y nadie llevó eso muy en serio. Brasil no hizo esfuerzo suficiente para abrir su mercado a los vecinos y los otros menos todavía. El Mercosur fue también victima de esa esperteza y cerramiento.

¿No cree usted que hay una profusión de siglas en la región con mecanismo que al final pretenden lo mismo?

Cuando usted analiza América Latina, tiene que llevar en cuenta que la imaginación aquí es fértil y hay mucho de realismo mágico. Esas cosas todas son fugas para frente con nuevas instituciones, nuevas siglas. No es por ahí. Se fuera la UNASUR la que tuviera de resolver el conflicto Ecuador – Perú, la guerra todavía estaría ahí.

¿Hace sentido crear un mecanismo que excluí a los Estados Unidos, Canadá, Portugal y España, como pretende la Comunidad de los Estados Latino-Americanos y Caribeños?

La CELAC viene rellenar una necesidad apenas retórica. No creo que posea organicidad ni futuro. Una organización internacional será aquello que quieren sus miembros que sea. No es una entidad supranacional que impone su voluntad a los estados miembros.

¿Qué hay de bueno y de malo en la política exterior brasileña?

La política externa brasileña tuvo hasta poco tiempo, cosa de un año, una línea correcta de acercamiento con América Latina y luego, con América del Sur, prioridad al multilateralismo, reglas de comercio internacional, pero de un año para acá, se ha tornado mucho más partidaria, más ideologizada, más petista y en eso sentido, tuvimos algunos errores. Aquel viaje al Medio Oriente ha sido objeto de broma internacional. El caso de Irán también es muy serio. Nunca Brasil perdió una resolución en el Consejo de Seguridad por 12 a dos. Sólo eso ya dice todo. Tuvimos contra, los Estados Unidos, los europeos, todos los africanos. Todo el mundo quedó contra Brasil.

¿Brasil ruma a la izquierda?

Brasil ya está. El gobierno Fernando Henrique fue de centroizquierda. Lula profundizó el esquema. Con Dilma, la línea será fortalecida. Pero no tendremos un alineamiento con Venezuela de la forma como gobierna Chávez. La base de Chávez y de Morales en Bolivia viene de los descamisados, de aquellos que ya no tienen ninguna expectativa. Eso no ocurre en Brasil. Nuestra realidad es otra.

¿La sociedad brasileña aceptaría algo más radical?

No. La sociedad es madura y la resistencia será grande. Los brasileños no deben de aceptar rupturas.

¿Cuál es el papel internacional de Brasil?

Eso todavía no está claro, pero Brasil no debe de preocuparse en transformarse en una potencia militar. No veo ninguna razón para Brasil invertir grandes sumas en armas. Brasil debe de tener el peso que le corresponde aquello que es en las áreas de mayor interese para nosotros: negociaciones en la OMC, defensa de la no proliferación, cambio climático y derecho humanitario internacional. Hay un exceso de apetite para mediar conflictos, queriendo aparecer sin tener todavía los elementos para eso. Como no tenemos los elementos, no logramos resultados y perdimos puntos.



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